Mirá de dónde vienen tus huéspedes
El dato ya lo tenés. La nacionalidad de tus reservas en Booking y Airbnb, los países de tu analítica, el idioma de los mensajes que recibís. Dos o tres suelen explicar casi toda la facturación.
En Uruguay eso es castellano, portugués para el turista brasileño e inglés para el resto. En una isla griega es inglés primero, después alemán, francés e italiano. Tiene poco que ver con el tamaño del idioma y todo con quién se toma el avión hasta donde estás.
Dos idiomas bien hechos ganan a seis a medias
Una web traducida por la mitad es peor que una en un solo idioma: el huésped se choca con un formulario en un idioma que no lee justo cuando iba a pagar. Si no podés mantener un idioma, no lo publiques.
Cómo se hace bien
- Una URL por idioma (/en/, /pt/), no un botón que cambia el texto al vuelo.
- Etiquetas hreflang para que Google le muestre a cada uno su versión.
- Todo traducido: menús, formularios, mensajes de error, mails automáticos, el calendario.
- Fechas y moneda en el formato local, que es donde se delatan casi todas las webs.
- Traducción humana, o automática revisada por alguien que hable el idioma.
Qué hace en realidad un botón de traducir
No crea páginas, así que los buscadores no tienen nada que indexar: no vas a aparecer en búsquedas en ese idioma. Rompe diseños, traduce nombres propios (tu hotel pasa a llamarse otra cosa) y deja los formularios y los mails en el idioma original.
Es un parche para el visitante que ya está en tu web, no una forma de que te encuentre el que todavía no llegó.
Lo que cuesta mantenerlos
Cada cambio de precio, habitación nueva o epígrafe de foto tiene que viajar a cada idioma. Por eso armamos los idiomas desde el principio y desde una sola fuente de textos: las webs que hacemos para villas y hoteles salen en cinco o seis idiomas y se mantienen sincronizadas cuando algo cambia.
En qué orden conviene sumarlos
Nada obliga a traducir todo de golpe. Primero el camino que termina en una reserva: la home, la página de lo que alquilás, el calendario, el formulario y los mails automáticos. Después el contenido que trae gente desde los buscadores, que es donde un idioma empieza a pagarse.
- Primero: el flujo de reserva, precios, políticas y los mails que salen de tu sitio.
- Después: las páginas de la zona, las playas y cómo llegar.
- Al final: el blog y todo lo que puede vivir en un solo idioma sin que duela.
